Estudio de talla en madera y restauración

Bienvenido a la web del tallista sevillano Juanma Pulido. Este espacio se abre para dar a conocer mis obras y proyectos. Mi taller está situado en Sevilla, ciudad con una eminente tradición artesanal y referencia a nivel nacional en el denominado sector del Artesacro. Desde el año 2002 he realizado numerosos trabajos. Todos ellos están recogidos en esta web.

Los valores fundamentales en los que se basa mi taller son la exclusividad de mi obra, la originalidad, tradición, el diseño, la talla completamente artesanal (factor que me diferencia de otros tantos talleres que usan el sacado de punto como agente determinante para su produción). Esto confiere a las piezas un caracter único y un valor añadido, el valor de lo puramente artesanal.


Contacto: juanmatallista@gmail.com

Teléfono: 656 48 72 49

miércoles, 22 de febrero de 2012

Carta abierta

Tenía una guitarra  grande, frío de febrero en las manos y en la cara, mucha vergüenza y apenas  13 años. Guardaba recuerdos infantiles de un palio azul perdiéndose por Muñoz y Pavón, tragado por la estrecha calle. Riada de luz en los jardines como cita de todos los Martes Santo. Siempre sonaba música cofrade en un piso de barrio obrero, cualquier día del año, que provenía de la habitación de aquel vecino que era nazareno de la Candelaria, el mismo que finalmente me condujo hasta aquí. Llegaba mi primer día a la Hermandad gracias a mi afición por la música y al llamamiento en un boletín: “se buscan voces para el coro”. Desde aquella mañana de domingo todo giró en torno a mi Hermandad, van para 23 años.

Es por eso, cuando la vida te pone en situaciones que jamás entraron en la cabeza de aquel niño, he tenido que recordar a tantos amigos que vivieron conmigo la Hermandad y tantos momentos malos y buenos. Había sentido estas mismas cosas al restaurar la antigua Cruz del Señor hace unos años. Había vivido intensamente cada “gubiazo” que di a la nueva Cruz de Camarín y disfruté de mi profesión creando ese altar de cultos que a buen seguro terminaremos más pronto que tarde. Me he sentido afortunado finalmente pero no, no fue  fácil. Porque entre todas estas cosas hubo una vez un chaval al que se le consideraba apenas para pintar la pañoleta de la caseta de feria, lo cual llevo también como un orgullo. Mucho de eso que llaman “segundo plato”. Creo que el único tallista que tuvo que pasar por un Cabildo de Oficiales para que le aprobaran la ejecución de una obra donada por un grupo de Hermanos. A la vista de lo que suele ocurrir con las donaciones, en cuanto a calidad y funcionalidad, no me extrañaría que se hiciera siempre. Lo extraño es que sólo sucedió en mi caso.

En realidad cada ocasión que la vida me puso delante de mi Hermandad, en el aspecto personal o profesional, me volqué poniendo los sentidos porque la Hermandad era mi vida. Ahora esa misma vida me ha puesto nuevamente ante un reto impensable: crear unas andas para uno de los actos que estarán en la Historia de la Hermandad de la Candelaria, de la Ciudad de Sevilla y el mundo Cofrade, el Vía Crucis del Consejo de Cofradías de Sevilla.

Desde el primer día la mente era toda de El, de sus manos, de su cara, de su figura enrocada y menuda. Llenó cada rincón y cada espacio que mi cabeza y mi corazón reservan a la creatividad, hasta componer esta obra.  Por ser para El, todos los días de trabajo en la intimidad de mi taller han estado clamando Salud para mi entorno, como si hubiera sido una larga y profunda oración por quien la necesitaba y necesita, los que a mí alrededor forman ese mundo más cercano y conocido que cada cual tenemos. Un mundo donde gente cercana y querida sigue rogando cada día Salud para seguir adelante. Las jornadas interminables han estado llenas de memoria y agradecimiento, de anécdota y añoranza. Por eso os cuento todo esto rompiendo el telón de un alma tímida. Por todo lo que significa para mí esta obra. Porque hay mucho más detrás del valor material, que por otra parte permite la subsistencia de los talleres artesanos. Detrás de todo hay grandes sentimientos y un enorme agradecimiento.




Agradecido a José María Cuadro y Álvaro Delgado, principales valedores de mis capacidades ante la Junta de Gobierno. Sin su confianza jamás hubiera contado estas cosas porque no hubiera tenido la oportunidad de vivirlas. A la propia Hermandad que ha dado un ejemplo de formalidad. Gracias a los artesanos que han intervenido demostrando su valía y compromiso tanto profesional como personal. A Juan García, mis pies y mis manos desde hace tantos años en las fases de carpintería. A los doradores Abel y Justi, todo un descubrimiento, por la paciencia, la entrega (¿más jarritas?, tu sigue…), el sobre esfuerzo y vuestro arte, gracias por todo. A mi alumna Isabel que estuvo al principio dando toda su colaboración, un millón de gracias. A Antonio (no me gusta mucho la palabra “aprendiz”….llámenlo como quieran), por estar aprendiendo y aportando mucho y por vivir estos acontecimientos de forma apasionada e interesada, tuyo también es esto.



                Especialmente me he acordado de todos los amigos de verdad, los que son de mi familia desde hace mucho tiempo porque traspasaron el ámbito de los conocidos o amigos. Los de dentro y fuera del ámbito de la Hermandad. De todas las personas que en las malas estuvieron siempre junto a mí, los que me enseñaron a luchar y a saber que nadie regala nada. De los que están lejos en distancia pero tan cerca entre nosotros. De todos aquellos que confiaron y que me acompañaron en las tormentas más adversas. Me pedían paciencia, trabajo y constancia porque decían: “algún día llegaría la recompensa”. A veces creyeron más en mí que yo mismo. Sé que con esto no alcanzo ninguna meta profesional pero es la mejor ocasión para deciros que llevabais razón y  para agradeceros ese incondicional apoyo.  Gracias a todos los que de una manera u otra me han ayudado, a los que viven esto con la misma ilusión que lo estoy haciendo yo.

                El final de este texto no puede estar ocupado sino por vosotros. Dicen que los últimos serán los primeros. Yo digo que los primeros lo son siempre, a pesar de donde los ubiques al hablar o al escribir. Vosotros que estáis delante y detrás de todo. Gracias por vuestras tres voces: “papa que bonito”, “¿te duele la espalda?”, “papá quiero ir a tu taller”, “¿estás cansao?”, “que bien dibujas”, “sigue así que eres el mejor” o “te quiero”. Son esas cosas que se dicen en la intimidad de las familias y que dan toda la fuerza que se necesita para luchar. Aunque uno las sitúe en ese contexto porque sabe que quien se lo cree acaba enfangado en la soberbia y la mediocridad. Sin ellos y su compañía no sería nada.




                Sólo me queda ponerme de vuestro lado. Volver a ser un hermano más. Situarme en cualquier calle, cualquier rincón y ver caminar entre la muchedumbre al Cristo de la Salud. Mirarlo como siempre con asombro y respeto, con cariño y humildad, hasta quedarme solo un instante en el que volveré seguro a recordar aquellos amigos, aquellos hermanos, aquellas cosas que sintió y vivió aquel niño de 13 años que un día frío de febrero llego para quedarse en la Hermandad de la Candelaria.



2 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Preciosa carta.
Magnífico blog que he tardado mucho en conocer.
Estoy deseando de ver el nuevo paso de cultos, mañana pasaré por allí para estar un rato con el Señor y será un buen momento de verlo tranquilo.
Saludos y felicidades.

Pedro Bermudo dijo...

Felicidades por tus trabajos, se nota el amor que tienes por tu trabajo.
A ver si un dia podemos vernos y charlar unos minutos.

PedroBermudo.